Confiar sin tener todas las respuestas
Proverbios 3:5-6
- Proverbios 3:5-6
- Isaías 26:3
- Salmo 20:7
- Jeremías 17:7-8
Hay algo de la incertidumbre que nos incomoda profundamente.
No es solamente no saber qué va a pasar.
Es no poder controlar lo que va a pasar.
Nos gusta tener un plan.
Y si el plan falla, queremos un plan B.
Y si podemos tener un plan C también, mejor.
Queremos fechas.
Queremos respuestas.
Queremos saber cuánto tiempo va a durar una situación.
Queremos saber si una decisión va a salir bien antes de tomarla.
Queremos saber si ese trabajo va a funcionar.
Si esa mudanza será correcta.
Si ese tratamiento dará resultado.
Si esa puerta que estamos considerando atravesar realmente nos llevará a donde esperamos.
Nos sentimos más seguros cuando podemos ver varios pasos hacia adelante.
Pero la vida no siempre funciona así.
Hay temporadas en las que hacemos todo lo que podemos hacer y todavía no sabemos qué viene después.
Y es precisamente allí donde la confianza deja de ser una palabra bonita y se convierte en una decisión.
Proverbios 3:5-6 dice:
"Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas."
Es fácil confiar cuando entendemos.
La verdadera pregunta es:
¿Podemos seguir confiando cuando no entendemos?
Confiar no es lo mismo que entender
Hay momentos en los que queremos que Dios nos explique todo antes de obedecer.
"Señor, dime exactamente qué va a pasar."
"Dime cuánto tiempo tomará."
"Dime por qué permitiste esto."
"Dime cuál será el resultado."
"Dime cómo vas a resolverlo."
Y entonces confiaré.
Pero Proverbios dice algo diferente.
Dice:
"No te apoyes en tu propia prudencia."
El versículo prácticamente asume que habrá momentos en que nuestro entendimiento no será suficiente.
Habrá cosas que no tendrán sentido todavía.
Habrá decisiones donde no podremos ver todas las consecuencias.
Habrá oraciones cuya respuesta tardará más de lo que esperábamos.
Habrá puertas que se cerrarán sin explicación.
Y habrá momentos en los que podremos mirar a Dios y decir:
"Señor, no entiendo esto."
La confianza bíblica no requiere que entendamos primero.
De hecho, muchas veces la confianza comienza precisamente donde termina nuestro entendimiento.
Porque si ya supiéramos todo lo que va a pasar, no necesitaríamos confiar.
Solamente necesitaríamos seguir el plan.
La fe se vuelve real cuando no tenemos el mapa completo.
Queremos una explicación, pero Dios muchas veces nos da dirección
A veces pensamos que si Dios nos ama debería explicarnos todo.
Pero Dios no siempre responde todas nuestras preguntas en el momento en que las hacemos.
Hay veces que pedimos una explicación y recibimos solamente el próximo paso.
Eso puede frustrarnos.
Porque nosotros queremos ver diez kilómetros adelante y Dios ilumina unos cuantos metros.
Queremos saber cómo terminará.
Él dice:
"Camina conmigo hoy."
Queremos garantías.
Él nos ofrece Su presencia.
Queremos controlar el desenlace.
Él nos invita a confiar.
Y quizás una de las partes más difíciles de la fe es aceptar que Dios puede estar guiándonos aun cuando nosotros todavía no comprendemos completamente hacia dónde.
Eso no significa caminar sin sabiduría.
No significa tomar decisiones impulsivas y luego decir:
"Dios proveerá."
Confiar en Dios también implica orar, buscar consejo, pensar, evaluar y actuar responsablemente.
Pero llega un punto donde ya hicimos todo lo que está en nuestras manos.
Y aun así queda incertidumbre.
Ahí comienza la parte que no podemos controlar.
La incertidumbre revela dónde estaba nuestra confianza
Salmo 20:7 dice:
"Estos confían en carros, y aquellos en caballos; mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria."
En los tiempos bíblicos, los carros y los caballos representaban poder, seguridad y capacidad militar.
Era lógico confiar en ellos.
Eran visibles.
Se podían contar.
Se podían medir.
Hoy quizás nuestros "carros y caballos" se ven diferentes.
Puede ser nuestro trabajo.
Nuestros ahorros.
Nuestra salud.
Nuestros conocimientos.
Nuestros contactos.
Nuestros planes.
Nuestra rutina.
Nuestra capacidad para solucionar problemas.
Y ninguna de esas cosas es necesariamente mala.
El problema comienza cuando nuestra paz depende completamente de ellas.
Porque muchas veces no sabemos cuánto confiábamos en algo hasta que comienza a tambalearse.
Mientras el trabajo está estable, sentimos seguridad.
Hasta que escuchamos que habrá cambios.
Mientras la salud está bien, sentimos control.
Hasta que llega un resultado inesperado.
Mientras nuestros planes funcionan, pensamos que todo está bajo control.
Hasta que ocurre algo que no estaba en el calendario.
La incertidumbre tiene una manera de revelar dónde habíamos puesto realmente nuestra confianza.
No necesariamente crea nuestra falta de fe.
Muchas veces simplemente la expone.
Nos muestra lo que había debajo.
Y aunque eso puede ser incómodo, también puede ser una oportunidad.
Porque Dios puede usar esos momentos para volver a ordenar nuestro corazón.
Hay cosas buenas que no fueron diseñadas para cargar nuestra seguridad
Podemos agradecer por nuestro trabajo sin convertirlo en nuestra identidad.
Podemos administrar responsablemente nuestro dinero sin creer que el dinero puede protegernos de todo.
Podemos cuidar nuestra salud sin pensar que podremos controlar cada cosa que le suceda a nuestro cuerpo.
Podemos hacer planes sin convertirlos en ídolos.
Santiago 4 nos recuerda que nosotros hacemos planes, pero nuestra vida continúa dependiendo de Dios.
Planificar no está mal.
El problema es vivir como si nuestros planes fueran la fuente de nuestra seguridad.
Porque tarde o temprano algo cambia.
Y cuando cambia, descubrimos si nuestra paz estaba apoyada en Dios o simplemente en que todo estaba saliendo como queríamos.
La paz no depende de tener el mapa completo
Isaías 26:3 dice:
"Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado."
Mira dónde está la condición.
No dice:
"Tú guardarás en paz al que ya conoce el futuro."
No dice:
"Al que ya resolvió el problema."
No dice:
"Al que finalmente recibió todas las respuestas."
Dice:
"Aquel cuyo pensamiento en ti persevera."
La paz está relacionada con dónde ponemos nuestra atención.
Y eso importa porque la incertidumbre tiene una capacidad impresionante para secuestrar nuestros pensamientos.
Comenzamos con una pregunta.
"¿Qué pasará?"
Y cinco minutos después nuestra mente ya construyó veinte escenarios.
Generalmente ninguno bueno.
Tal vez ocurrió algo pequeño, pero nuestra mente ya escribió una película completa.
"Seguro pasa esto."
"Después aquello."
"Entonces perderé esto otro."
"Y finalmente todo terminará fatal."
Ni siquiera ocurrió el primer paso y ya estamos preocupados por el final de una historia que nosotros mismos inventamos.
Isaías nos invita a hacer algo diferente.
A mantener el pensamiento en Dios.
Eso no significa ignorar el problema.
Significa que cada vez que nuestra mente corre hacia lo que no sabemos, la traemos de vuelta a lo que sí sabemos.
No sé qué ocurrirá mañana.
Pero sé quién es Dios.
No sé cuánto tiempo tomará.
Pero sé que Él ha sido fiel.
No sé cuál será el resultado.
Pero sé que no caminaré solo.
No tengo todas las respuestas.
Pero conozco a Aquel que sí ve el camino completo.
La confianza se practica un paso a la vez
Jeremías 17:7-8 dice:
"Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová. Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto."
Este pasaje no dice que nunca llegará el calor.
Dice que el árbol podrá permanecer cuando llegue.
No promete que nunca habrá sequía.
Promete raíces.
Y quizás eso es exactamente lo que Dios está formando en nosotros durante las temporadas inciertas.
Raíces.
La confianza que solamente existe cuando todo sale bien es demasiado superficial.
Las raíces crecen cuando tenemos que seguir confiando aunque no veamos inmediatamente el resultado.
Y muchas veces esa confianza se practica con algo muy sencillo:
el siguiente paso.
No necesitas resolver hoy los próximos cinco años.
Quizás solamente necesitas saber qué debes hacer hoy.
Tal vez necesitas hacer esa llamada.
Enviar esa solicitud.
Tener esa conversación.
Esperar.
Orar otra vez.
Buscar consejo.
O simplemente no tomar todavía una decisión que no estás preparado para tomar.
A veces queremos que Dios nos entregue toda la ruta.
Pero Él nos da suficiente luz para el paso que tenemos delante.
Y mañana veremos el siguiente.
Reconócelo en todos tus caminos
Proverbios 3 no solamente dice:
"Confía."
También dice:
"Reconócelo en todos tus caminos."
Eso significa incluir a Dios en el proceso.
No solamente pedirle que bendiga una decisión después de haberla tomado.
Sino preguntarle antes.
"Señor, ¿qué quieres hacer aquí?"
"¿Qué debo aprender?"
"¿Hay algo que no estoy viendo?"
"¿Estoy tomando esta decisión desde la fe o desde el miedo?"
"¿Estoy intentando controlar algo que debería entregarte?"
Y a veces la respuesta de Dios será avanzar.
Otras veces será esperar.
Y algunas veces será cambiar de dirección.
Pero podemos confiar en que Dios ve cosas que nosotros no vemos.
¿Qué estás tratando de controlar hoy?
Quizás hay algo en tu vida ahora mismo que no tiene una respuesta clara.
Una decisión.
Una espera.
Una transición.
Un problema familiar.
Una situación económica.
Una pregunta sobre el futuro.
Algo que cada vez que lo piensas produce esa sensación de:
"Necesito saber qué va a pasar."
Tal vez has orado.
Has pensado.
Has hecho planes.
Has buscado opciones.
Y todavía no tienes certeza.
Quizás hoy Dios no te está pidiendo que descubras toda la respuesta.
Quizás te está pidiendo que confíes.
No una confianza ciega.
Una confianza basada en quién Él ha demostrado ser.
Mira hacia atrás.
¿Cuántas veces hubo algo que no entendías y, con el tiempo, viste a Dios obrar?
¿Cuántas puertas cerradas terminaron protegiéndote de algo?
¿Cuántas cosas que parecían el final terminaron convirtiéndose en un nuevo comienzo?
No todo tendrá una explicación sencilla.
Pero tenemos una historia de fidelidad donde apoyar nuestra confianza.
Una práctica para esta semana
Esta semana identifica una sola área donde estás intentando tener demasiado control.
Una.
Ponle nombre.
Y cada vez que tu mente comience a construir escenarios sobre algo que todavía no ha ocurrido, detente.
Hazte dos preguntas:
¿Qué sé hoy?
Y:
¿Cuál es el próximo paso que realmente puedo dar?
Haz ese paso.
Y entrégale a Dios lo demás.
Quizás el próximo paso sea actuar.
Quizás sea esperar.
Pero no intentes cargar hoy respuestas que pertenecen a mañana.
Jesús mismo enseñó que cada día tiene su propio afán.
Dios te dará gracia para mañana cuando llegue mañana.
Hoy solamente necesitas gracia para hoy.
Señor, hoy reconozco que no tengo todas las respuestas.
Y también reconozco cuánto me cuesta no tenerlas.
Perdóname por las veces que intento encontrar seguridad en mi capacidad de controlar cada detalle.
Ayúdame a confiar en ti de todo mi corazón y a no apoyarme solamente en mi propio entendimiento.
Muéstrame cuándo debo avanzar y cuándo debo esperar.
Cuando mi mente corra hacia todos los escenarios que podrían ocurrir, ayúdame a volver mis pensamientos hacia ti.
Recuérdame tu fidelidad.
Recuérdame las veces que me has sostenido antes.
Dame sabiduría para hacer lo que me corresponde y humildad para entregarte lo que no puedo controlar.
Cuando no vea el paso siguiente, dame paz.
No porque todo esté resuelto.
No porque ya conozca el resultado.
Sino porque tú estás conmigo.
Hoy te entrego mis planes, mis preguntas, mis temores y aquello que todavía no entiendo.
Reconozco que tú ves el camino completo aunque yo solamente pueda ver el próximo paso.
Y eso es suficiente.
En el nombre de Jesús.
Amén.
"No necesitas ver todo el camino para dar el siguiente paso; solo necesitas confiar en quién camina contigo."