La esperanza que no se apaga
Lamentaciones 3:22-23
- Lamentaciones 3:22-23
- Romanos 5:3-5
- Romanos 15:13
- Salmo 42:11
Hay momentos en la vida en los que la palabra "esperanza" puede sentirse demasiado grande.
Cuando todo va bien, hablar de esperanza es fácil.
Cuando tenemos salud, estabilidad, planes y respuestas, es sencillo decir que confiamos en Dios.
Pero hay temporadas en las que la vida cambia de repente.
Una pérdida.
Una enfermedad.
Una ruptura.
Una puerta que se cierra.
Una noticia que no esperábamos.
Un problema que llevamos meses tratando de resolver y sigue exactamente igual.
Y en esos momentos, la esperanza deja de ser una palabra bonita.
Se convierte en una necesidad.
Por eso resulta tan poderoso que uno de los pasajes más conocidos acerca de la esperanza aparezca en el libro de Lamentaciones.
Lamentaciones no fue escrito desde la comodidad.
No nació después de una victoria.
Nació en medio de la destrucción de Jerusalén.
Había dolor.
Había pérdida.
Había ruinas.
Había preguntas.
Y en medio de todo eso encontramos estas palabras:
"Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad."
La esperanza bíblica no comienza cuando todo vuelve a estar bien.
Muchas veces comienza precisamente cuando todavía nada está bien.
La esperanza no es fingir que todo está bien
A veces confundimos esperanza con optimismo.
El optimismo dice:
"Seguro todo va a salir bien."
La esperanza bíblica dice:
"No sé exactamente cómo va a salir esto, pero sé quién sigue siendo Dios."
Esa diferencia importa.
Porque la persona que escribe Lamentaciones no está ignorando el dolor.
No está mirando las ruinas de Jerusalén diciendo:
"No pasa nada."
Sí pasa.
Ha perdido mucho.
Está sufriendo.
Está lamentando.
Y aun así, en medio de ese dolor, decide recordar algo:
Dios sigue siendo fiel.
Eso significa que la esperanza cristiana no requiere negar lo que sentimos.
Podemos llorar y seguir teniendo fe.
Podemos estar confundidos y continuar confiando.
Podemos sentirnos cansados y todavía esperar en Dios.
Podemos preguntarle:
"¿Por qué?"
sin dejar de decir:
"Pero sigo creyendo en ti."
Hay una idea equivocada de que tener esperanza significa sonreír mientras todo se derrumba.
No.
A veces la esperanza se ve como una persona llorando mientras ora.
A veces se ve como alguien levantándose de la cama cuando no tiene fuerzas.
A veces es simplemente decir:
"Señor, hoy no entiendo nada, pero todavía estoy aquí."
Eso también es fe.
Lamentaciones 3 no nos enseña a ignorar las ruinas.
Nos enseña a buscar la fidelidad de Dios entre ellas.
La esperanza se construye en el proceso
Romanos 5:3-5 dice:
"Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado."
Probablemente ninguno de nosotros pondría "tribulación" en una lista de cosas que desea recibir este año.
"Señor, dame salud, bendición, sabiduría y, si tienes disponible, unas cuantas tribulaciones."
No funciona así.
Nadie busca voluntariamente los momentos difíciles.
Pero Pablo nos muestra que Dios puede producir algo dentro de nosotros incluso en aquello que nunca hubiéramos escogido.
La tribulación produce paciencia.
La paciencia produce carácter probado.
Y ese proceso produce esperanza.
Eso significa que la esperanza no siempre aparece instantáneamente.
Muchas veces se construye.
Se forma mientras seguimos caminando.
Mientras esperamos.
Mientras oramos por algo que todavía no cambia.
Mientras vemos que Dios nos sostiene un día más.
Y después otro.
Y después otro.
A veces, cuando miramos hacia atrás, descubrimos algo que no podíamos ver mientras estábamos atravesando la crisis.
Descubrimos que Dios no solamente estaba trabajando en la situación.
También estaba trabajando en nosotros.
Tal vez la respuesta tardó.
Tal vez el problema duró más de lo esperado.
Tal vez incluso el resultado fue diferente de lo que habíamos pedido.
Pero aprendimos algo acerca de Dios que nunca hubiéramos aprendido desde la comodidad.
Aprendimos que Él sostiene.
Que provee.
Que escucha.
Que acompaña.
Que da fuerzas cuando las nuestras se terminan.
Y la próxima vez que enfrentamos algo difícil, ya no comenzamos desde cero.
Podemos decir:
"Ya he estado en lugares donde no sabía qué hacer, y Dios estuvo allí."
"Ya he tenido días en los que pensé que no podría continuar, y aquí estoy."
"Ya he visto a Dios sostenerme antes."
Eso es esperanza construida.
La esperanza no depende de que cambien las circunstancias
Romanos 15:13 dice:
"Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo."
Hay algo importante en este versículo.
Pablo no dice:
"El Dios de esperanza los llenará de gozo y paz cuando todos sus problemas sean resueltos."
Dice:
"en el creer."
Eso significa que podemos experimentar paz incluso antes de tener respuestas.
Podemos tener esperanza mientras esperamos.
Podemos tener gozo aunque todavía existan preguntas.
Porque nuestra esperanza no está puesta solamente en que las circunstancias cambien.
Está puesta en Dios.
Y eso cambia completamente nuestra manera de enfrentar los días difíciles.
Si nuestra esperanza depende únicamente de una solución específica, entonces nuestra paz también dependerá de esa solución.
Pensamos:
"Voy a estar bien cuando consiga ese trabajo."
"Voy a tener paz cuando llegue ese resultado."
"Voy a descansar cuando esta persona cambie."
"Voy a sentir esperanza cuando esto termine."
Pero Dios nos ofrece algo diferente.
Nos ofrece Su presencia hoy.
Su paz hoy.
Su misericordia hoy.
Por eso Lamentaciones dice:
"Nuevas son cada mañana."
No dice:
"Nuevas serán cuando todo vuelva a la normalidad."
Cada mañana.
Incluso la mañana después de una mala noticia.
Incluso la mañana después de llorar toda la noche.
Incluso la mañana en la que todavía no tenemos respuesta.
Incluso la mañana en la que lo único que podemos hacer es levantarnos y decir:
"Señor, necesito que me sostengas otra vez."
Y Él lo hace.
Un día a la vez.
Esperar también es hablarle al alma
Salmo 42:11 dice:
"¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío."
Me encanta este versículo porque el salmista está hablando consigo mismo.
Su alma está abatida.
Está turbado.
No niega lo que siente.
Pero tampoco deja que sus emociones tengan la última palabra.
Se recuerda:
"Espera en Dios."
A veces tenemos que hacer lo mismo.
Porque nuestra mente puede pasar horas recordándonos todo lo que está mal.
Todo lo que podría salir mal.
Todo lo que todavía no ha cambiado.
Y quizás necesitamos comenzar a recordarle a nuestra alma algo diferente.
"Dios todavía está aquí."
"Su misericordia todavía es nueva."
"Su fidelidad no terminó ayer."
"Mi historia no termina en este momento."
"Todavía puedo esperar en Él."
La esperanza no significa saber exactamente cómo terminará la historia.
Significa saber que Dios todavía está escribiendo.
¿Dónde necesitas recuperar la esperanza?
Tal vez hay una situación que llevas demasiado tiempo mirando solamente desde el miedo.
O desde la frustración.
O desde la resignación.
Quizás llegaste a un punto donde ya no esperas nada.
Dices:
"Esto nunca va a cambiar."
"Siempre será así."
"No tiene sentido seguir orando."
"Ya me cansé."
Y puede que estés cansado.
Puede que incluso tengas razones para sentirte así.
Pero hoy quiero invitarte a hacer algo sencillo.
No te voy a pedir que finjas que todo está bien.
No te voy a pedir que ignores el dolor.
Solamente quiero invitarte a levantar nuevamente la mirada.
Pregúntate:
¿Sigue Dios siendo fiel aunque mi situación todavía no haya cambiado?
Si la respuesta es sí, entonces todavía hay lugar para la esperanza.
Quizás no sabes cómo Dios resolverá la situación.
Quizás ni siquiera sabes si la resolverá de la manera que esperas.
Pero puedes levantarte mañana y recordar:
Sus misericordias son nuevas.
Y al día siguiente, también.
Y al otro.
Tal vez hoy no necesitas fuerzas para los próximos diez años.
Tal vez necesitas misericordia para hoy.
Y mañana recibiremos la de mañana.
Así se sostiene muchas veces la esperanza.
No intentando cargar todo el futuro de una sola vez.
Sino confiando en la fidelidad de Dios un día a la vez.
Señor, gracias porque tu misericordia no depende de que mis circunstancias mejoren.
Gracias porque se renueva cada mañana simplemente porque tú eres fiel.
Tú conoces las situaciones que me han cansado, las preguntas que todavía no tienen respuesta y las áreas donde he comenzado a perder la esperanza.
No quiero fingir delante de ti.
Tú conoces mi dolor.
Tú conoces mi frustración.
Tú sabes cuánto tiempo he esperado.
Pero hoy decido recordar tu fidelidad.
Ayúdame a no poner toda mi esperanza en un resultado, una persona o una solución.
Enséñame a esperar en ti.
Cuando la situación no cambie todavía, dame paz en el creer.
Cuando mi alma se abata, recuérdame que todavía puedo alabarte.
Cuando solamente pueda ver las ruinas, ayúdame a reconocer tu misericordia entre ellas.
Dame fuerzas para hoy.
Y mañana, cuando abra los ojos nuevamente, recuérdame que tus misericordias también serán nuevas.
Sostenme con una esperanza que no dependa de lo que veo, sino de quién eres.
En el nombre de Jesús.
Amén.
"La esperanza no espera a que todo mejore para aparecer; muchas veces nace precisamente cuando nada ha mejorado todavía, pero decidimos recordar que Dios sigue siendo fiel."