2 Corintios 12:9
“Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.”
Pablo pidió tres veces que le quitaran su debilidad, y la respuesta no fue quitarla, sino redefinir su lugar: ahí, precisamente ahí, es donde el poder de Dios se hace más visible.
No compliquemos esto: no necesitás llegar fuerte para que Dios actúe. La debilidad no es lo que te descalifica, es muchas veces el lugar exacto donde Él elige mostrarse.
¿Qué debilidad mía he estado escondiendo en vez de llevarla honestamente delante de Dios?
Nombrá en oración, sin adornarla, una debilidad concreta que sentís hoy, y pedile a Dios que su poder se muestre justo ahí.
Señor, no tengo que ser fuerte para que Tú actúes. Te entrego mi debilidad de hoy y confío en que ahí se muestra tu poder.
Lectura recomendada: Salmo 34:18