1 Juan 3:1
“Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él.”
Juan no describe la filiación como algo que ganamos, sino como algo que se nos dio. El asombro del versículo está en el "mirad" — como diciendo: detente un segundo a considerar esto, porque es más grande de lo que parece.
No compliquemos esto: no necesitás ganarte un lugar que ya te fue dado. Necesitás dejar de buscar tu valor en otro lado.
¿De dónde estoy sacando hoy mi sentido de valor: de lo que logro, de lo que otros opinan, o de ser hijo de Dios?
Antes de revisar redes sociales o compararte con alguien hoy, repetite en voz alta: 'soy hijo de Dios', y notá si cambia algo tu día.
Padre, ayúdame a descansar en que ya soy tuyo, no en lo que logro demostrar. Que mi identidad esté puesta en Ti.
Lectura recomendada: Efesios 1:5