Mateo 5:4
“Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.”
Esta bienaventuranza no encaja con la idea de que llorar es una falla espiritual. Jesús la nombra como bienaventuranza — un lugar donde Dios se acerca, no uno del que hay que salir corriendo.
No compliquemos esto: Dios no le pide al que llora que se apure a sanar. Le promete que la consolación viene. El duelo no es lo opuesto a la fe; muchas veces es el lugar exacto donde la fe se sostiene de algo más grande que uno mismo.
¿Le he dado permiso a mi propio dolor de existir, o llevo tiempo tratando de apurarlo?
Reserva 10 minutos hoy solo para recordar, sin distracciones — una foto, un nombre, un lugar. No para resolver nada, solo para sentirlo.
Señor, no vengo a pedirte que quites el dolor todavía. Vengo a pedirte que te sientes conmigo en él, y que un día llegue el consuelo que prometiste.
Lectura recomendada: Salmo 147:3