Efesios 4:31-32
“Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.”
Pablo no está pidiendo que la ofensa nunca haya existido. Está pidiendo que dejemos de darle poder sobre nuestro presente. La amargura no protege a quien la carga; solo la mantiene atada al momento en que la hirieron.
No compliquemos esto: perdonar no es decir "no importó". Es decir "ya no voy a dejar que esto siga decidiendo cómo trato a los demás — y cómo me trato a mí mismo".
¿A quién sigo cargando en mi mente sin haberlo soltado todavía?
Escribe el nombre de esa persona y ora por ella hoy, aunque sea con los dientes apretados.
Señor, no me pidas que finja que no dolió. Pídeme que suelte lo que ya no puedo cargar. Ayúdame a perdonar como Tú me perdonaste a mí.
Lectura recomendada: Mateo 18:21-35